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Vida Cristiana

¿Adoración o Manipulación? (Segunda Parte)

El problema de algunos directores de adoración es su mentalidad antiguo testamentaria de la presencia de Dios; piensan que deben provocar que descienda.

En la entrada anterior comencé a explicar cómo los directores de adoración comienzan a sucumbir ante la tentación de manipular a los adoradores al momento de ministrar. El cambio de director a manipulador ocurre cuando el director se ve a sí mismo como el responsable de producir en otros la adoración. Y no, un ser humano puede dirigir a otros en adoración pero no producir verdadera adoración. Un director guía, no manipula. La adoración es producto de la obra de la Palabra y el Espíritu en el creyente y la decisión de este de obedecer la invitación divina de adorar.

Dicho lo anterior, hoy continuaré presentando un escenario más que provoca que excelentes directores de adoración se vuelvan manipuladores. ¿Cuándo puede suceder esto?

  1. Cuando el director no entiende la presencia de Dios.

Un amigo me relató la vez que su equipo de alabanza estaba ministrando durante la adoración y la esposa del pastor dirigía desde el frente los cantos. Después de cantar las canciones rápidas transicionaron a las canciones lentas — típico protocolo de alabanza y adoración congregacional — y comenzaron a cantar “Ven a Este Lugar” que hace unos años popularizó Danilo Montero.

A medida que avanzaban en la canción y repetían el coro: “Ven a este lugar, llena hoy mi vida Señor…” la esposa del pastor que dirigía interrumpió la canción y le dijo a la banda frente a toda la iglesia: “Hermanos, el Señor ya está aquí. ¿Por qué entonces le decimos que venga? Esta es la última vez que cantamos esta canción en la iglesia”.

De más está decir que quedaron pasmados y ni modo, tuvieron que pasar a la siguiente canción.

Estoy seguro que algunos que acaban de leer el episodio anterior estarán pensando: “¡Qué mujer más exagerada!” O: “¡No puede ser que haya gente que piense así!” Y alguna fan de Danilo: “¡No hables mal de mí Danilo, ok?” Sin embargo, sin importar qué opine cada quién de este incidente, nos da pie para una interesante reflexión: ¿la presencia de Dios está con nosotros o es que tenemos que invitarla a que venga?

Vamos, detente unos instantes y responde. ¿Ya está o hay que invitarla? ¿Ah?

Bueno, para comenzar a responder esta pregunta y entonces explicar qué tiene que ver con la manipulación, permíteme definir primero qué es la presencia de Dios. Básicamente la presencia de Dios es Dios mismo. Cuando hablamos de su presencia estamos diciendo que él está presente. El antónimo de “presencia” es “ausencia”; por lo tanto, cuando decimos que la presencia de Dios está con nosotros estamos diciendo que Dios mismo está con nosotros.

El problema de algunos directores de adoración es su mentalidad antiguo testamentaria de la presencia de Dios. Es por eso que cuando adoran piensan que deben provocar que descienda al estilo de los indígenas que danzaban para que la lluvia cayera. A más intensidad en el canto y el baile, más pronto llovería. La pregunta es: ¿la presencia de Dios realmente desciende? ¿Qué dice la Escritura al respecto?

Aunque no es pecado cantar canciones que hablen de que la presencia de Dios descienda, sí es incorrecto creer que la presencia de Dios viene y se va. Una cosa es creer que hay que atraerla y otra muy distinta saber que a veces se manifiesta y a veces no. Un simple vistazo a Mateo 18:20, 28:20 y Hebreos 13:5 podrían ayudarnos a entender que la presencia de Dios ya está entre su pueblo. Distinta a la visión del Antiguo Testamento, los creyentes del Nuevo Testamento se ven a sí mismo como templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Los creyentes somos la casa de Dios, no el “hotel de Dios”. Él no viene y se va. Él no es nuestro huésped, él vino y lo hizo para quedarse.

El problema entonces surge cuando los directores de adoración no entienden que su visión de la presencia de Dios debe ser neo testamentaria, no solo antiguo testamentaria. Entonces cuando creen que deben provocar que descienda corren el riesgo de incurrir en manipulaciones para que eso suceda, pensando que si la congregación canta más fuerte, salta y brinca más alto… e incluso, si ellos mismos como equipo de alabanza tocan con más excelencia, la presencia de Dios podría descender.

No, la presencia de Dios no se puede producir. La presencia de Dios siempre está. Que a veces se manifiesta y a veces no, ¡ese es otro tema! Sin embargo, no hay que caer en la trampa de comenzar a manipular a la iglesia pensando que si hacen “A” o “B” cosas, al estilo de los indios nativos, provocarán que la lluvia de la presencia de Dios caiga. No, nuestro Dios no es un Dios difícil. Y la dirección de la adoración no debería ser un acto tan estresante.

Continúa…

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